La chica está ahí, lo sé. La chica vive en un mundo de indiferencia, imposible de cambiar. Ella no tiene la culpa. ¿Quién tiene la culpa? Nadie, supongo, ó sí, Él tiene la culpa, por que le gusta y no lo puede evitar, porque mandarla a la chingada no es tan fácil como necesario. Porque rogar nunca te salva de tus pecados. Porque las chicas son así, son malas, y hermosas, pero actúan. Hay que comprar burbujas de luz y regalárselas - que juege - para que no esté triste, aunque pensándolo bien, quizá me quede con algunas, yo estoy muy triste, aunque el humo me contradiga. La intoxico, la amarro, la guardo y le cuento historias. La beso en la frente y en la mejilla -con atrevimiento- , luego paso mi brazo sobre sus hombros, así, ella es mi amiga y lo sé, y lo sabe, y no sinto que caigo y que caiga, pero el espacio se acaba y los cuerpos ya pesan, mi cabeza se ladea y sigo escuchando un ruidito constante, lejano en el fondo de la casa, voy a seguir escribiendo hasta que mi cabeza quede horizontal y ya no quiera llorar más. La eterna soledad, el tiempo danza en la madrugada y no puedes dormir si están todas las luces apagadas... La eterna soledad es para mí.
Me fumaré otro cigarro.